‘The witches of the orient’: Exigir la perfección (Docs Bcn)

La incursión de Julien Faraut en el estudio del deporte a través del cine llegó a su zenit con la presentación, el año 2018, de su filme ‘En busca de la perfección’, aclamado en festivales como la Berlinale o el Cinéma du Reel. | Por Ferran Calvet

Por Ferran Calvet (Docs Barcelona)

La incursión de Julien Faraut en el estudio del deporte a través del cine llegó a su zenit con la presentación, el año 2018, de su filme En busca de la perfección, aclamado en festivales como la Berlinale o el Cinéma du Reel. Por aquel entonces, Faraut demostraba su obsesión por el tenis y por el cine de forma simultánea, elaborando el retrato más peculiar que nunca se le ha podido hacer a un deportista -y mucho menos un tenista-, en su búsqueda de la perfección física, técnica y mental.

Pocos años después de esta indispensable pieza, que tiene como costoso objetivo convencer al espectador que el cine y el deporte son entes tan cercanos como lejanos, Faraut continúa su particular búsqueda de la perfección, dejando atrás la arcilla de Roland Garros y viajando a Japón, donde en los años sesenta del siglo pasado existió un equipo de voleibol que se mantuvo invencible durante más de 250 partidos, récord intacto hoy en día.

A partir de imágenes recientes que captan a algunas de sus protagonistas en un ambiente distendido, charlando tranquilamente sobre lo que algún día ocupó por completo sus vidas, de imágenes de archivo de partidos y entrenos, y pintorescos fragmentos de series de anime basados en la gesta de este equipo, Faraut teje un fresco documental que tiene como principal objetivo el de reivindicar uno de los equipos más exitosos y a la vez desconocidos de la historia.

Descabellado, pero, seria conformar un relato de perfección sin hacer referencia al sufrimiento. En el caso de Las brujas de oriente, este tiene nombre y apellidos (Hirofumi Daimatsu) y el cargo de entrenador -algo muy similar pasaba en Red Army (Gabe Polsky, 2014)-. En los primeros compases del filme, de una forma increíblemente delicada y precisa, Faraut equipara el formato de entrenamientos del equipo con la producción en la fábrica de Kaizuka en la que sus jugadoras trabajaban cuando no entrenaban, pues la cultura del esfuerzo japonesa no concibe un triunfo sin una dedicación física total y sin condiciones.

Uno de los aspectos más desconcertantes de la cinta es, sin duda, la veracidad de los documentos que a priori deben ser de archivo. Debido al revolucionario montaje, a la cuidada restauración y a la imponente música compuesta por K-Raw, las imágenes se nos aparecen como fieles recreaciones contemporáneas, hasta que nos damos cuenta, ya asentados en la película, que todo documento referido a partidos y entrenos pertenece a la misma temporalidad y no son fruto de ninguna recreación. Un logro que, sin duda, se atribuye al magnífico trabajo del montador y el documentalista del filme.

Muy en la línea de la reflexión anterior, si el anterior trabajo de Farault encontraba gran parte de su encanto en el hecho de que las imágenes del juego eran grabaciones no oficiales, alternativas, tomadas por una serie de cámaras distribuidas por la pista Philippe-Chatrier, el encanto de The witches of the orient se encuentra en el remontaje de imágenes ya tomadas, sobre todo las que retransmiten la finalísima que el equipo japonés enfrenta contra la URSS en los JJ. OO de Tokyo 1964. Un epígrafe que, aun sabiendo el resultado, consigue mostrar una perfección técnica y un rol colectivo que raramente se habrá podido ver en la historia del deporte.

El documental, que ha formado parte de la sección oficial del Festival Docs de Barcelona, acaba construyendo, pues, un hondo relato de épica y gloria, sin así olvidar el lado humano de la perfección y la exigencia deportiva. A su vez, The witches of the orient significa la consolidación de Julien Faraut en el podio del documental deportivo, demostrando que el deporte y el arte, o en este caso el cine, son disciplinas completamente compatibles.

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