‘Directamente para vídeo’: Una oda al cine malo

En Uruguay, en el año 1988, se estrenó el film de culto particular del país, «Acto de violencia en una joven periodista», de Manuel Lamas. ‘Directamente para vídeo’ es un trabajo que surge de la obsesión de Silva Torres por la película. | Por Ferran Calvet (Sitges 2021)

Por Ferran Calvet (Sitges 2021) 

Cuando nos referimos al cine de culto, la propia naturaleza de la palabra encubre que, en la mayoría de las ocasiones, no estamos hablando de clásicos indiscutibles que han perdurado en el tiempo como grandes obras maestras del séptimo arte. Aunque igualmente estamos hablando de películas veneradas por una parte de la cinefilia, el concepto de culto está más bien relacionado con el ensalzamiento de metrajes de dudoso buen gusto, lo que educadamente -e industrialmente- se conoce como cine de serie B. Al fin y al cabo, películas hechas con bajo presupuesto, nulo talento artístico y aún menos técnico. Películas malas. 

No sé si me equivoco al señalar que todas las filmografías tienen sus propias películas malas, aunque el hecho de que una película sea mala no convierte a esta automáticamente en una película de culto. Para ello, el film tiene que calar profundamente a un nicho de público que, de una forma u otra, ve en aquel trabajo un destello de su propia idea del cine, o simplemente advierte cierta brillantez entre tanta devastación.

¿Quién no conoce la considerada como la mejor peor película de la historia, The room (Tommy Wiseau, 2003) o la obra maestra del decorado de cartón, Plan 9 from Outer Space (Ed Wood, 1959)? En la España tardofranquista, también tuvimos un período en el que este cine de serie B -o cine de pipas, como también lo llamábamos- estaba muy presente en las carteleras de los cines de barrio, un corpus fílmico hoy en día ampliamente valorado por los amantes del fantástico patrio y de la serie B europea.  

En Uruguay, en el año 1988, se estrenó el film de culto particular del país, Acto de violencia en una joven periodista, dirigida por Manuel Lamas. El director Emilio Silva Torres es una de las personas obsesionadas con esta cinta, considerada la peor película uruguaya de la historia. Directamente para vídeo es un trabajo que surge a raíz de esta obsesión de Silva Torres por la película de Lamas, una indagación sobre el efecto sociológico del film, considerada mala por la mayoría del público, pero que provoca obsesión y festejo a partes iguales para un sector de aficionados al cine uruguayo. 

Más allá del efecto que produce el film en sus espectadores, el director materializa su obsesión comenzando una investigación sobre la película y sus participantes, con el objetivo, desde mi punto de vista, de entender los motivos que llevaron a su autor y cooperantes a realizar semejante pieza. Es en este aspecto donde recae todo el interés del filme, y es más interesante aún el enfoque sensacionalista que adquiere, cuyo interés no recae en descubrimientos documentales sino, en concreto, el descubrimiento del paradero actual de la actriz principal, Roxana Blanco, y de la verdadera personalidad del director, Manuel Lamas. 

Esto permite a los espectadores de Directamente para vídeo asistir a un drama que terminó en película, y a disfrutar, en cierto modo, de todo ello. Digo en cierto modo porque aunque el material es del todo disfrutable desde el punto de vista del chismeo y la curiosidad, el testimonio de Blanca Giménez nos revela una realidad aterradora todavía presente en la industria cinematográfica: la de la misoginia y el maltrato laboral. 

Aun así, la pesquisa de Silva Torres parece agotar gran parte su interés cuando todavía queda un cuarto de metraje, y el director decide huir hacia adelante con una especie de autoficción que, aunque no tiene el mismo interés amarilloso del bloque que lo precede, está compuesto de una cierta gracia estética, con imágenes que esta vez parecen formar parte de secuencias pertenecientes a películas de serie B como la de Lamas. 

El film de Silva termina por ser una curiosa reivindicación del considerado cine malo, además de una declaración de cariño a una película que, por lo que parece, ha marcado generaciones de uruguayos, cuya leyenda se agiganta gracias a los descubrimientos del autor de Directamente para vídeo

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