‘Drift Away’ (‘Albatros’): Suavidad policial (Berlinale 2021)

El filme, otrora llamado Albatros, es el contrapunto luminoso a tantas películas procedurales contemporáneas, algunas francesas, que intentan humanizar al policía desde la veneración de lo heroico. | Por Zep Armentano


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Por Zep Armentano (Festival de Berlín)

Invierno de 2018 en Marsella, Zineb Redouane de 80 años se acerca a cerrar sus contraventanas asustada por el ruido de una manifestación. En el acto, una granada lacrimógena le estalla en la cara, por lo que es llevada de Urgencias, donde muere el día después. 2014. El joven ecologista Rémi Fraisse yace dos horas en el suelo durante un enfrentamiento policial tras ser abatido por otra de estas granadas sin que nadie se percate de que ha dejado de respirar. En nuestro lado Esther Quintana pierde un ojo en la Huelga General de 2012. El armamento reglamentario es la espada de Damocles de la policía y el debate sobre su uso está sobre la mesa allá donde vayas. ¿Como podemos dejar de ver a la policía como enemigo en un momento de creciente inestabilidad social y autoritarismo? Si un policía es humano, que se muestre.

Presentamos a Laurent (Jérémie Renier); él tiene su propia experiencia como gendarme sin universalizaciones ni epopeyas. Eso sí, como policía elegido para este relato, es un ciudadano de a pie ejemplar. La película reclama, ya desde su primera secuencia, la familiaridad (y atractivo) de este hombre, que en su día a día resultó practicar el oficio de gendarme y la afición de navegante. Esto ocasiona un contraste tonal muy interesante entre su vida privada y su trabajo. Dicho así, la narrativa pretende que las dos facetas de Laurent son una y la misma, que ese oficial de policía se preocupa de nosotros como si fuera nuestro padre. Y eso no es hipócrita, pues su familia es increíblemente feliz y cercana. No vemos el cartón. Aunque a decir verdad, a muchos nos resultaría utópico.

El guion, de triple autoría, manifiesta ser consciente a momentos de las omisiones de esa visión idealizada. Cita el conflicto de los antidisturbios en la apacible comisaría. Cita que por muy maravillosa que sea la familia, mucha gente no quiere o no debería tener hijos.

Todos en la película están habituados a mostrar su afecto con naturalidad (por no añadir que, de hecho, el lenguaje vulgar campa a sus anchas).  Y aunque ese no es su estandarte, el degoteo de afecto tan efectivamente acompasado aborda al terreno vecino de la feel good movie sin querer evitarlo, pero sin perder de vista el conflicto, la contundencia del oficio, sin el que faltaría curva dramática.

Todo ello va empaquetado en el mismo drama: el cuidado es el motor narrativo de la película en sí mismo. Drift Away (A la deriva) quiere identificar la protección desde fuera del relato binario de la fuerza y deja de paso un pequeño comentario sobre como el error puede surgir a veces precisamente al dejarse llevar por las emociones. El altibajo de la película, sucede cuando, desprevenido, el protagonista abate a un suicida para evitar que se mate. El contrasentido enfatiza que Laurent ha agotado sus aprendidas herramientas emocionales fuera de la violencia. Como para venir a decir, como acertaba Jordan Mintzer, que no se puede rehuir lo intrínseco del género policial del que Drift Away quiere despegarse: que las pistolas se disparan, y los cuerpos caen.

El filme, otrora llamado Albatros, es el contrapunto luminoso a tantas películas procedurales contemporáneas, algunas francesas, que intentan humanizar al policía desde la veneración de lo heroico, desde el formato trepidante a lo 24h de Police de Anne Fontaine, con renovado interés por esas historias diversas del cuerpo, a la enervante Rubiaux, Une Lumière que ostenta un guión-reportajístico clasista con complejo de salvador. Como en aquella, Drift Away dedica medio metraje al día a día antes de entrar en conflicto, lo cual puede ser muy mal llevado por los espectadores que no se enamoren del personaje en su planteamiento.

La cinematografía también es luminosa y su encuadre naturalista. Incluso en los días de lluvia el etalonaje se decide por un menta fresco, una manera identificable aunque muy compleja de traducir la raída gama fría de los thrillers procedurales a la atmosfera diurna i relajante del drama sereno. La visión sobre los paisajes de Normandía es amable como sus intenciones, y a lo mejor esa vida calmada existe, a lo mejor hay que buscarla entre fatales precipicios y tempestades.

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